Un correo. Todos los días. Para empresarios que se han quedado quietos.
Facturas 120.000 € al año.
Y llevas tres años facturando 120.000 € al año.
Cada mañana te mando un correo con lo que hay que hacer para que el año que viene no sea otra vez este mismo año.
No sé si esto te suena.
Montaste tu negocio para no tener jefe.
Ahora tienes treinta. Se llaman clientes y te escriben los domingos.
Facturas bien. Cien mil, ciento veinte, ciento cincuenta si el año viene bueno. Suficiente para vivir. Insuficiente para dormir.
Y llevas así… ¿cuánto? ¿Dos años? ¿Cinco?
Cada enero te dices que este va a ser el año. Cada diciembre haces prácticamente el mismo número que el anterior, con más horas dentro.
Lo que casi nadie te dice es que eso no es mala suerte, ni falta de ganas, ni que te falte un curso.
Es que el negocio que tienes está diseñado para facturar exactamente lo que factura. Y hasta que no cambies el diseño, va a seguir haciéndolo.
Quién te va a estar escribiendo
Me llamo Eduardo Gómez.
Llevo quince años siendo empresario y más de veinte entrando en empresas de otros. Pero no entro cuando todo va bien y hay que hacer un plan estratégico bonito.
Entro cuando ya ha explotado.
Soy perito y experto independiente en disputas empresariales. Me llaman los abogados y los tribunales cuando dos socios se están demandando, cuando alguien se ha llevado el dinero, cuando la empresa que iba de maravilla resulta que iba de maravilla en el Excel y en ningún otro sitio.
He mirado por dentro, con los papeles delante, más empresas rotas de las que vas a ver tú en tu vida.
Y te voy a decir algo incómodo: casi ninguna se rompió de golpe.
Todas hicieron durante años las mismas cosas pequeñas. Precios que no cubrían. Un cliente que era el 40 % de la facturación. Cobrar a noventa días y pagar a treinta. Un dueño que era el cuello de botella de todo y lo llamaba «implicación».
Las mismas cosas, por cierto, que están frenando a un negocio de 120.000 € que no crece.
La diferencia entre el que se estanca y el que revienta es de grado, no de tipo.
Y ahora la parte que me costó veinte años ver
Todo eso lo tenía delante desde hacía años. En informes. Firmados por mí.
Y no lo estaba aplicando en mi propia casa.
Hasta que un día me senté a mirar mi empresa con los mismos ojos con los que miro las de los demás. Sin cariño. Como si tuviera que explicarle a un tribunal por qué no crecía.
No fue agradable.
Pero en doce meses pasamos de 1,2 millones a 2,5 millones de facturación.
Y la empresa, que antes valía lo que valen estas empresas —poco más que la suma de las nóminas y unos cuantos clientes que en realidad me conocían a mí—, entró después en una ronda de financiación que la valoró en más de diez millones de euros.
No te lo cuento para que aplaudas.
Te lo cuento porque ese salto no vino de trabajar más horas. Yo ya no tenía más horas. Vino de mirar el negocio como se mira una prueba: sin contarme cuentos.
Y eso se puede enseñar.
Qué te voy a mandar
Un correo al día. De lunes a domingo, salvo que se me caiga el mundo encima.
Corto. Se lee en dos o tres minutos. Y va de estas cosas:
- Dinero. Márgenes, precios, caja. Por qué facturar más y ganar menos es lo más normal del mundo.
- Empresa. Cómo se construye algo que no se para cuando tú te vas una semana.
- Ventas. Vender sin bajar el precio y sin parecer un pesado.
- Cabeza. Lo que separa al que crece del que solo aguanta. Que no es el talento.
- Método. En qué se te van las horas y por qué casi ninguna de ellas hace crecer el negocio.
- Tecnología e IA. Lo poco que sirve de verdad y todo lo demás, que es humo caro.
Sin teoría de escuela de negocios. Sin las siete claves del liderazgo. Sin gráficos con flechas hacia arriba.
Lo que pasa de verdad en las empresas pequeñas, contado por alguien que se gana la vida demostrándolo delante de un juez.
Ahora la parte que no te va a gustar
Te voy a vender.
No siempre, pero muchos días. Tengo un programa de mentoría para empresarios como tú y en algunos correos te hablaré de él.
Te lo digo aquí, en la puerta, y no dentro de tres semanas haciéndome el sorprendido.
Si eso te molesta, no te suscribas. En serio. Nos ahorramos los dos el trámite.
Y si un día te cansas, abajo del todo de cada correo hay un enlace para darte de baja. Un clic. Sin encuestas de despedida ni cara de pena.
Y a cambio de qué
De nada. No hay pdf gratis, ni masterclass, ni checklist de 37 puntos que no vas a abrir.
Dejas tu correo y mañana empiezas a recibirlos.
Si en dos semanas no has aprendido nada que puedas usar el lunes por la mañana, te vas y ya está.
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Un correo al día. Empiezas mañana.
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P. D.
Si has llegado hasta aquí abajo y sigues dudando, probablemente sea porque llevas tiempo apuntándote a cosas y ninguna te ha cambiado nada.
Normal.
Pero fíjate en un detalle: has leído una página entera sobre un negocio que factura ciento y pico mil y no arranca.
Por algo será.
Eduardo Gómez